Historiador ratifica que Calero no fundó al Pichincha; contexto político, económico y educativo del nacimiento de la Vieja Casona

Potosí, 3 de marzo (Prensa CNP).- En el marco de la conmemoración del Bicentenario del decreto de creación del Colegio Nacional Pichincha, el programa “Desde los pétreos muros” dedicó su segundo capítulo a un análisis histórico profundo sobre los orígenes de la institución. El invitado central fue el periodista e historiador Juan José Toro Montoya, exalumno de la promoción 1985, quien desarrolló una detallada explicación sobre el contexto político y estructural en el que nació el entonces denominado Colegio de Ciencias y Artes.

La entrevista se realizó el 2 de marzo de 2026, fecha exacta en que se cumplen dos siglos del decreto firmado en 1826 por el mariscal Antonio José de Sucre. Toro explicó que ese documento no puede comprenderse como un acto aislado, sino como parte de un paquete de decisiones adoptadas durante la primera etapa organizativa del nuevo Estado boliviano.

Según precisó, Bolivia se encontraba en su primer año de vida republicana. Tras la independencia formal proclamada en 1825, el país atravesaba un proceso de estructuración institucional que implicaba la creación de normas, la organización territorial y la consolidación de mecanismos administrativos. En ese escenario, la educación ocupó un lugar central dentro del proyecto político.

Toro detalló que Sucre llegó a Potosí el 19 de febrero de 1826 y permaneció en la ciudad hasta el 10 de marzo del mismo año. Durante ese periodo firmó una serie de decretos orientados a consolidar el aparato estatal. Entre ellos se encontraba el que establecía la creación del Colegio de Ciencias y Artes, fechado el 2 de marzo.

El historiador subrayó que la elección de Potosí no fue casual. En ese momento, la ciudad seguía siendo uno de los pilares económicos del naciente país gracias a la actividad de la Casa de Moneda. La estabilidad financiera que proporcionaba permitía pensar en inversiones institucionales de largo alcance, entre ellas la educación secundaria de carácter formal.

Asimismo, explicó que Sucre no improvisó la creación del colegio. Ya en 1825 había enviado correspondencia a distintas autoridades municipales en las que delineaba un plan educativo nacional. Dicho plan contemplaba la fundación de colegios en varias ciudades estratégicas, los cuales debían servir como base para la futura estructuración universitaria.

En ese sentido, el proyecto respondía también a la influencia intelectual de Simón Bolívar, cuya visión de Estado incorporaba la educación como instrumento de construcción republicana. Toro señaló que la educación, en el ideario bolivariano, debía formar ciudadanos capaces de sostener el nuevo orden político.

El Colegio de Ciencias y Artes de Potosí formó parte de un grupo inicial de establecimientos bolivarianos creados en 1826. Toro mencionó que junto al plantel potosino se fundaron los colegios Sucre en Cochabamba, Junín en Sucre, Ayacucho en La Paz y Bolívar en Oruro. Sin embargo, destacó que no todos lograron continuidad institucional sostenida a lo largo de los años.

Un aspecto relevante que remarcó el entrevistado fue la estructura administrativa establecida en el decreto fundacional. El documento fijaba claramente la existencia de un rector, docentes con asignación salarial y un esquema de financiamiento que incluía el pago anual de los estudiantes. Este detalle permite comprender que no se trataba de una iniciativa informal, sino de una institución con planificación presupuestaria definida.

Toro puntualizó que el colegio no fue concebido inicialmente como una institución de acceso popular. El pago anual que debían realizar los estudiantes implicaba una barrera económica significativa para la mayoría de la población. En consecuencia, el perfil del alumnado correspondía a sectores con capacidad económica, lo que configuró un carácter selectivo en sus primeros años.

En cuanto al plan de estudios, mencionó que las materias incluían retórica, latín y aritmética, disciplinas que respondían a la tradición educativa heredada del periodo colonial pero adaptadas al nuevo marco republicano. La enseñanza de retórica y latín reflejaba la importancia otorgada a la formación humanística, mientras que la aritmética respondía a necesidades prácticas y administrativas.

Uno de los puntos más debatidos en la historiografía institucional es el papel del presbítero Manuel Calero. Sobre este aspecto, Toro fue enfático al señalar que la documentación existente confirma que el fundador del colegio fue Sucre. Calero, según los registros del 9 de mayo de 1826, figura como rector interino y no como creador del establecimiento.

El historiador indicó que hasta la fecha se han identificado más de 30 documentos relacionados con la etapa fundacional del colegio. Estos incluyen decretos, comunicaciones oficiales y registros administrativos que permiten reconstruir con mayor precisión los primeros meses de funcionamiento institucional.

Durante la conversación también se abordó la relación entre el colegio y el desarrollo posterior de la educación superior en Potosí. Toro recordó que la actual Universidad Autónoma Tomás Frías tuvo sus inicios en ambientes vinculados al colegio, lo que evidencia la función de estos establecimientos como semilla universitaria dentro del proyecto educativo nacional.

En el plano simbólico, el entrevistado reflexionó sobre el valor histórico de una institución que ha atravesado transformaciones políticas, reformas educativas y cambios sociales a lo largo de dos siglos. Destacó que su permanencia constituye un testimonio de continuidad institucional en un país marcado por frecuentes procesos de inestabilidad.

Finalmente, Toro compartió una dimensión personal de su vínculo con el colegio. Recordó que su decisión de ingresar estuvo influida por su admiración hacia el historiador Mario Chacón Torres. Describió su experiencia estudiantil como parte de una generación activa, comprometida con actividades académicas y culturales.

La entrevista concluyó reafirmando la importancia de abordar el Bicentenario no solo como un acto conmemorativo, sino como una oportunidad para profundizar la investigación histórica con base documental. A dos siglos del decreto del 2 de marzo de 1826, el Colegio Nacional Pichincha se proyecta no únicamente como una institución educativa, sino como un actor clave en la construcción del Estado boliviano desde sus primeros días republicanos.